Los reyes de El Floridita | Viajar a Cuba está de Moda

Los reyes de EL Floridita

El Floridita

Un catalán nacido en 1888 y un norteamericano de 1899 cruzaron sus caminos en La Habana a inicios de los años 30 del siglo XX. Una visita casual del escritor  Ernest Hemingway al bar Floridita, propiedad de quien ya era conocido en la capital cubana como «el Rey de los Cocteles», fue el comienzo de una gran amistad que dejó huella en la obra de ambos creadores.

Constantino Ribalaigua i Vert dejó su pueblo natal, Lloret de Mar, precisamente en el año que nació Hemingway, y viajó a Cuba junto a su familia. De sus primeros años en la isla no aparecen crónicas, pero se conoce que en 1914 comenzó a trabajar como dependiente, todavía no se usaba el término barman, en el bar que regentaba un coterráneo suyo: Narcís Sala Parera, y que en 1918 pasó a ser el feliz propietario del establecimiento.

El bar, fundado en 1817, era La Piña de Plata. A él asistían, según Ciro Bianchi, hombres de todos los estratos y profesiones, desde músicos hasta militares, para saborear las bebidas que por aquel entonces eran populares: ginebra, vermut, agua con anís…, y también iban las mujeres, finamente ataviadas, quienes gustaban tomar refrescos de frutas y otras exquisiteces que allí se servían.

Con la intervención de Estados Unidos en Cuba en 1898 el local sufrió una transformación, tanto en público como en bebidas. Quizás por la procedencia de este público, en una metáfora de la parte por el todo, pasó a llamarse La Florida luego de la instauración de la República en 1902. No obstante, para distinguir el local de un bar muy conocido ubicado en el cercano hotel Florida, sus parroquianos decidieron llamarle Floridita.

Desde la llegada de «Constante» – así nombraban los clientes habituales a Constantino- el Floridita adquirió fama por la calidad de sus cocteles, atrevidos y equilibrados, y por su amabilidad y destreza con la coctelera. Tanto, que llegó a considerarse, aun por sus competidores, como el mejor barman de La Habana. Esta fue la época en que le conoció Hemingway.El Floridita

El escritor ya era un enamorado de Cuba; la isla le había cautivado y encontró entre los pescadores de Cojímar una familia cálida que más adelante crecería con la amistad de Gregorio Fuentes, último patrón de su barco El Pilar en el que disfrutaría de muchos daiquirís al estilo Constantino. El Pilar y el hotel Ambos Mundos fueron dos centros de creación en la vida cubana de Hemingway, y la cercanía del Floridita al hotel posibilitó que también el bar se convirtiera en uno de sus espacios de ocio favoritos.

«La cuna del Daiquirí»

En cuanto al refrescante y sabroso coctel, se sabe que no fue creado por «Constante». Surgió un día de casualidades, como casi todo lo bueno, de manos del ingeniero estadounidense Jennings Cox durante su época de trabajo en las minas cercanas a Playa Daiquirí, en Santiago de Cuba, de ahí su nombre. Pero, indiscutiblemente, desde el Floridita y con el agregado de hielo frappé y marrasquino, el célebre barman consiguió su fama internacional junto a la suya propia y la del bar, al que hoy se conoce como «la cuna del daiquirí».

Las magníficas mezclas de Constantino Ribalaigua están compiladas en varios recetarios; él mismo elaboró uno en 1939. De su autoría, cuatro figuran entre los diez mejores cocteles del mundo según varias listas clasificatorias: su variante del daiquirí, el Daiquirí Frappé; el Mary Pickfords (creado para famosa la actriz norteamericana); el Presidente (elaborado según la formulación del presidente Mario García Menocal) y el Havana Special (nombre de una empresa naviera que hacía viajes entre Cuba y Cayo Hueso). Se estima que en el bar fueron creadas en esos años alrededor de unas 147 mágicas combinaciones, la mayoría de ellas producto de las habilidades de «Constante», quien solo necesitaba una ligera motivación para desatar su genio creativo.

Receta daiquiríAsí las cosas, cuando Hemingway decidió entrar al Floridita por primera vez, inició una relación definitiva con el local y su propietario, quien ya reinaba tras la barra. Su condición de diabético hizo que Constantino, quien intuiría en él a un cliente fiel, tirara de talento y creara el Papa Doble, un daiquirí también conocido como Hemingway Special, en el que se sustituye el azúcar por jugo de toronja y se agrega un doble de ron blanco. El escritor había logrado inspirar al barman.

Luego, muchos años después y ya fallecido «Constante», Hemingway inmortalizó la aptitud de su amigo a través de una sensación propia que colocó en la voz del protagonista de su novela Islas en el Golfo: «Había bebido daiquiris dobles muy helados, de aquellos grandiosos daiquiris que preparaba Constante que no sabían a alcohol y daban la misma sensación al beberlos que la que produce el esquiar ladera abajo por un glaciar cubierto de nieve en polvo y luego, cuando ya se han tomado seis u ocho, la sensación de esquiar ladera abajo por un glaciar cuando se corre ya sin cuerda».

El Floridita era el reino de Constantino; puede suponerse que la desbordada creatividad del barman se debía únicamente a su ingenio y habilidad para mezclar con las medidas precisas, pero es incuestionable que el lugar donde se trabaja siempre influye en la motivación y el bar le estimulaba. También allí se sentía a gusto Hemingway, lo expresa en la misma novela: «Con este frío debe haber poca gente en La Floridita. Con todo, allí se estará bien otra vez».El Floridita

El local se convirtió en un espacio de placer, de imaginación y de aventura. Allí creó y le dio cuerpo y alma a varios de sus personajes, les dotó de un escenario, una especie de territorio en el que reinan para siempre junto a él y Constantino. Nada más hay que ver cómo tantos y tantos visitantes del bar saborean los fabulosos cocteles sentados muy cerca del Hemingway de bronce que les mira atento desde una esquina de la barra.